8 jun. 2015

Proyecto de Zona Verde Pública - Terreno como Base de Diseño (IV) - Terreno en instalaciones y vegetación

Continuamos con la serie sobre el Proyecto de Zona Verde Pública en la que estamos viendo el terreno como base del diseño. En esta entrada nos centraremos en el avenamiento del terreno, las instalaciones subterráneas y el terreno como soporte de la vegetación.

El avenamiento del terreno

Es necesario prever la circulación y salida de las aguas de lluvia o producidas en el propio terreno por fuentes, manantiales o riegos. El estudio de las llamadas líneas de agua (líneas de desagüe) se hace al tiempo de la remodelación topográfica, considerando los distintos equipamientos, construcciones, viales, explanadas... que determina la red, constituida por las conducciones, sumideros, pozos de captación...

La pendiente de las líneas de desagüe aconseja, en cuanto se rebasan ciertos valores (2% a 3% dependiendo de los terrenos) su materialización en rigolas, caceras, canales o conducciones subterráneas. Respecto de estas últimas conviene tener presente la acción de las raíces por lo que se utilizarán las que aseguren su impenetrabilidad, como las de polietileno y PVC encolado. Se tendrá presente adoptar una profundidad mínima  y una cierta separación de los elementos vegetales.

Un aspecto a considerar en este punto es la capacidad de infiltración del suelo y su influencia en la escorrentía superficial. Este factor es igualmente decisivo a la hora de proyectar y programar los riegos por aspersión en terrenos en pendiente, con frecuencia no tenido en cuenta, siendo la causa de muchas escorrentías superficiales no resueltas.

Los drenajes son una buena solución en muchas ocasiones por lo que deben tenerse muy presentes.

También influye en el sistema de avenamiento, como es lógico, el régimen de lluvias, en especial la frecuencia e intensidad de las precipitaciones.

Las instalaciones subterráneas

Han de tenerse en cuenta en el acondicionamiento del terreno, disponiendo en la traza, si es el caso, rellenos bien compactados que soporten el peso de las conducciones, así como las acciones que pueden darse en los anclajes y piezas especiales de las conducciones hidráulicas a presión.

En este punto conviene tener presente el entumecimiento del terreno que a veces ha sido causa de rotura de líneas y conducciones subterráneas, por movimientos del terreno falto de la necesaria compactación.

También las aguas freáticas y los cursos de agua subterráneos pueden ser causa de problemas futuros, al circular junto a las conducciones, por lo que habrán de conocerse previamente, evitando pasar por ellos, si es posible, y en caso contrario adoptando las medidas necesarias. Es necesaria la compactación de los fondos de las zanjas y de las tierras de relleno de las zanjas, adoptando las precauciones necesarias.

El terreno como soporte de la vegetación

El terreno para los vegetales es su sustento físico y alimenticio, cuestiones bien sabidas que deben cuidarse en los movimientos de tierras. La lógica señala que las mejores tierras vegetales se reserven para las áreas plantadas o sembradas, tierras que, a su vez, son muy perjudiciales como soporte de construcciones e infraestructuras.
Lomas formadas con el sobrante de las excavaciones

Desde este punto de vista no existe ninguna competencia, pero lo cierto es que no siempre se reparten adecuadamente. La causa está en los costes de transporte para dejar los depósitos en los lugares adecuados, y también en los costes de adquisición de los materiales cuando no existen o escasean en las obras.

Algo más raro es que estos defectos se produzcan por imprevisiones en el proyecto, aunque no son descartables. Desde luego si no se especifica con claridad el destino que quiere darse a los distintos productos de la excavación, y tampoco se incluye su coste en el proyecto, no puede esperarse que lo haga la empresa constructora. Aunque es una operación evidente, tiene que estar considerada en el proyecto.

A pesar de no ser una práctica corriente, los rellenos destinados a plantaciones, en todos los casos y en especial si están en pendiente, deben ser compactados, con un grado de compactación cercano al Proctor 90 %. La apertura de hoyos se hace después de haber compactado y rasanteado el terreno, aportando tierras fértiles si fuera necesario.



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